viernes, 25 de marzo de 2016

¿Mucha narrativa o mucho diálogo?

Últimamente han llegado a mis manos una cantidad singular de novelas llenas de diálogos, con alguna escasa descripción sobre acciones irrelevantes de los personajes, que no he sido capaz  de terminar. La razón fundamental es, que éste tipo de libros se asemejan más a un guión cinematográfico que a verdadera literatura.
     Hace un siglo, no recuerdo ni dónde, leí un artículo que explicaba que ésto comenzaba a ocurrir con los escritores que han pasado más tiempo delante de una pantalla que de un libro. Todo buen lector sabe que una película jamás está a la altura de la novela en que se basa. ¿Por qué? Porque le falta contenido. Contenido que solo puede agregarse con un buen narrador. Si obviamos esa narración en una novela que no suple esas carencias con imágenes nos encontramos con un texto vacío y estéril que aporta muy poco.
      Creo que ahí está el quiz de la cuestión. Un libro necesita una buena dosis de narración, el tipo de descripciones, pensamientos y desarrollo de la trama que consigue sumergirnos de lleno en sus páginas, situarnos en el momento y lugar donde transcurre la historia y que  será capaz de hacernos empatizar con sus personajes.
     Por supuesto que los diálogos son indispensables. Es imposible narrar el cuento de la Caperucita Roja sin la interacción de ésta con el lobo, pero las conversaciones absurdas y sin trascendencia en la trama, que no explican absolutamente nada relevante, creo que más que aportar desvirtúan el verdadero propósito de una novela; hacernos pensar e imaginar.
    Y no me considero en absoluto una purista de la literatura, pero si creo que una importante y necesaria narración debe complementarse con los diálogos en una novela, y eso es lo que diferencia una buena obra narrativa de los libros de léctura "fácil" que nos invaden últimamente.
     Y solo una de ellas es la que nos incentiva a pensar y desarrollar nuestra mente.